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La Coctelera
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Requiem

Supieron los reyes su nombre,

torturado infinitas veces sus oídos,
que relataron los hechos.
Cuidaron su imagen maltrecha
y la hicieron digna
de ser exhibida.
Tropezaron con el olvido
que temprano se instalaba
entre los frisos del aire gélido
de una cámara oscura.
Nadie supo nunca más
dónde guardaron sus caricias.
Las manos sobre su pecho,
su cuerpo hilado
en latigazos.
Una lágrima congelada
en su rostro,
una perla de dolor.
Entre ninguna mirada,
morando las oscuridades.
No hay recuerdo.
No hay olvidos.
No hubo nada.

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Vuelo

Había entre ellos uno con aspecto de grifo. Bueno, vamos a ver… no era metálico y alargado, ni tenía un orificio por el que expulsaba agua, ni una maneta… no. Grifo, ese animal mitológico, mezcla de águila y león.

 

Yo no me asusté, acostumbrada que estaba a ver esas cosas ya. Así que lo único que se me ocurrió fue decirle que me dejara subir en su grupa. Que tenía ganas de ver esos mundos desde arriba. Además, llevaba faldas y los faunos celebraban cada Céfiro que me las subía. Su trinar y su tronar eran una fiesta divertida que parecía surgida de un carnaval de la antigua Gades…

 

Así que nada, ni corta ni perezosa, me arrimé a la criatura con un trozo de carne, que al final resultó ser trufa y se la engulló el susodicho bicho. Contento por el presente, aproveché para subir. No ofreció resistencia pero sí una cierta inseguridad. No tenía orejas donde agarrarme y el plumaje… no parecía seguro.

 

Un fauno me ató las piernas al cuerpo con correas de cuero de su bolsa, donde guardaba el vino y la flauta. Agradecí el gesto y ni por asomo con un beso. Jamás debes tocar a un fauno, pues su hechizo invade tu resistencia y su contacto te abre de piernas antes que su seductora mirada. Y entonces sí que no habría manera de salir de la puta isla.

 

Pero bueno, resueltos los problemas técnicos, ya más segura en el aleteo de Grifo, que podría llamar Gala o Roca… empezó a moverse… y con su movimiento, maldita la gracia que la falda no se me quedó debajo cuando me senté y ahora no hay manera… falda al viento… ay… Dios estos faunos… menuda fiesta… al aroma de conejo se revolucionan… y vaya herramienta que gastan…

 

Ya salimos… mmmm, preciosa vista del bosque, los árboles milenarios, y el Primer Árbol del Mundo… la Mesa del Rey le llaman… pues la confluencia de sus cuatro ramas altísimas sirvió para los primeros tratados entre los Dioses y los Hijos de los Hombres. Ahora es la residencia permanente de un misterioso santo. Dicen que es el Rey del Mundo que allí aparece.

 

También veo los Cuatro Ríos, esos que desembocan en el Edén… desde estas alturas el planeta parece plano, otras veces, redondo. La luz obra prodigios y lo que hoy es brillante, pronto se torna oscuro…

 

Me decido a volar hacia la morada de los Elohim, allí donde pueda conocer a quienes primero visitaron la cuna que nos dio la vida, eso que llaman Tierra.

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Murmullo.

Si frenase justo antes... donde el puerto se funde con el mar..
allí dicen que planean las aves mayores, acariciando la hierba.

Una cigúeña trae la vida, un niño rubito y sonriente...

Entre los matorrales estan ocultas las damas que florecen al anocher.

Son tímidas y buscan el abrigo de la penumbra.

Ya muy de noche, danzan y danzan... dicen que aprenden del junco

entre las brisas más severas.

No gustan del viento. Tan sólo el soplido.

Muchas, cuentan, nacen de los suspiros de vírgenes casaderas.

Ellas son las que más bellas damas crean.

Y por la noche, cuando nadie las ve, se puede oir un murmullo de pasos.

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silencio.

Por eso te tengo que borrar…

No tienes salvación. Contando con mentirme yo.

 

Porque no sé qué he pintado…

 

Y si acaso pintara…

 

Qué tristes los colores…

 

No son de amores…

 

Desespero…

 

El silencio te busca entre mis sueños…

 

Y las caricias de una hoja

 

No se pueden comparar

 

Con tecla alguna.

 

Y ninguna mirada tuvimos

 

Que ya te dije que no era oportuno yo…

 

Y sí, te sigo esperando.

 

Pero no tengo ya edad.

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Global.

Se derritieron los polos,
tú te reías cuando te lo contaba.
Se derritieron los helados.
Tú carcajeabas cuando lo oíste.
Lo achaqué al calentamiento global.
Y tú te revolcabas de risa.
Y me mirabas el calentamiento
que tenía cuando ví tu falda y tu escote.
Y tú ya te orinabas de alegría. Y tus carcajadas
resonaron encantadoras e infantiles.
Y yo reí contigo, manchadas las manos
de vainilla fresca, de fresas con nata
y de helados semilíquidos.
Por eso te quiero, será...
porque te ríes como niña
y amas como mujer.
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Entre las ramas.

Una semana en la Luna, de azúcar y yerbas.

Sin la miel en los labios carmín, las lunas son nata...
Yo inventé la vacuna contra el calor.
Y tú el pan contra la tristeza.
Elaboraste cápsulas de pan
y yo clavaba mi remedio en tu cuerpo.
Tu pan me sabía a gloria.
Y mi remedio te alborozaba...
Yo conozco los secretos de los árboles.
Entre las ramas hay un dibujo secreto.
Es el perfil de los dioses que lo visitan.
El suelo escribe el rastro de su presencia liviana.
Como yo miro tu huella en mi cabello, tu rastro en mi alma.
Muertos vinieron a desfilar ante tus ojos, bóveda de los cielos.
Acontecimientos antiguos traían a tus oídos.
Algunos relataron historias olvidadas, 
hechos que tú conocías de boca de los abuelos...
y ellos de los abuelos de sus abuelos...
y vinieron para hacerte saber,
que el otro universo que los acoge
sigue la trayectoria prevista.
Tú los imaginastes, y ahora quieren a su diosa
entre ellos...
El tiempo del harmagedón les ha llegado
y buscan desesperados,
el Fin de los Tiempos.
Y yo, enjugado en lágrimas, te pido
que me lleves, pues mi mano certera
cercenará la vida del impío.
Y seré el Caballero de la Muerte
en ese mundo hostil y paradisíaco.

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Arquitectura

Mi casa tenía un techo leve, no había viento, pero el techo parecía que bostezaba.

El humo de tus palabras. Un árbol se estira hasta las nubes.

El zaguán, a veces en silencio. La noche que viaja en coche.

Era que tú venías. Y claro, abría la boca, dice que es su boca...

pensé que las casas tenían la boca en la puerta principal.

Ciertos hongos danzaban alrededor. Siempre hay uno en danza.

Por qué ibas a estar tú de repente tan sola... tan única...

sola solamente...

En los lápices se esconde el nombre de Dios.

Dicen que locos alquimistas escondieron en grafito secretos y planos.

Palabras ocultas en la noche. Las quemaron en una hoguera. Los papeles todos.

Y de repente, ese humo, polvo y hollín formó el grafito que hoy usa la humanidad,

con las claves de la inmortalidad, con las palabras que hacen rejuvenecer,

con el cántico de Dios primero al formar al Hombre.

Y ese grafito negro como tizón de diablo, es un emblema hoy usado

por herreros que se aventuran en domar al león.

La locura es la escritura de Dios en la inteligencia del hombre.

Qué tersa es la piel del niño, qué extensa la de la abuela...

Para los pasos nuevos, hice estas alpargatas de lata... sabré cuándo llegas.

Yo estoy amando el Amor. Pero no sé qué hacer con la gente.

En las nubes se dibuja el rostro de Dios. Un puzle inmenso, infnito y eterno.

Quién memoriza las partes, quién las une...

Yo no tengo nada que esconder. Sólo te quiero ver.

Y tú bailas con tus faldas al aire para ser feliz y vivir para tí.

Abrazarte con qué método... ni mis costillas se lo creen, pegadas a tu carne.

Y allí quieto, sin respirar, busco congeniar con tus latidos. Para que me lleves

con tu baile por el salón de esta casa. Y salgamos por la boca-puerta.

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Suspiros

Esta noche de luz incierta.

Fuego en las retinas, alguien cuida la lumbre que hambrienta te cubre.

Flores secas en tu pelo. Un mar de amarillos y dorados en los techos.

El agua se tiñe de ti. Y te elijo húmeda y acuática.

Como un pez me zambullo en tu reflejo y me sientes chapotear en tu vientre.

Ries con las travesuras de mi niñez en tu ser.

Y yo me acurruco en tus pechos, cerca de tu corazón… donde estoy

Viviendo mi historia contigo en los sueños.

Un mar de anhelos. El beso en la clavícula.

Mi caricia en tu espalda.

El teléfono que no suena.

Y mis oídos que no te conocen.

Guardas los suspiros donde yo no los beba.

Bobo vivo, dices que soy.

Qué hago si soy etéreo como la ondina y el nenúfar.

Mi paseo de hormiga por tus faldas.

Me faltan tus párpados que hagan la noche de mi alma.